Mi prima Sandra anda con Depre, Animo!!!!! y esto prima querida, es para ti...
Ábrele espacio para que respire. La tristeza es un hueco en el amor. Una fuga transitoria de energía. Un camino hacia uno mismo. La revisión profunda de algún espacio roto. No ignores la tristeza. Pues toda emoción es necesaria y conveniente. La tristeza te ayuda a detenerte temporalmente. A alejarte de todo lo mundano. Te deja en la puerta de un nuevo comienzo. Reconócela. No la confines a un espacio muerto. No la encierres bajo llave. No permitas que se entierre. No la disfraces con mentiras lindas. No ignores la tristeza. Escucha su mudez, siente su calma. Ella no pretende avergonzarte. No todos los días son soleados. Todo tiene un lado débil. No ignores la tristeza. Permítele que hable en su dialecto. Que te conduzca hasta el final de la bajada. Y cuando vuelva la otra fase de la Luna el rayo de luz traspasará el prisma y volverá a encenderse de colores tu alegría. No ignores la tristeza. Todas tus emociones son importantes y necesarias. No siempre estarás en el lado fuerte. Expresa lo que sientes. Pronto volverás a estar alegre...
On the Threshold of Eternity. Vincent van Gogh, aquejado de un trastorno depresivo según algunos biógrafos, pintó este cuadro en 1890 de un anciano
que simboliza un estado de desesperación sumido en la depresión.A ti que lees estas líneas, que estás bajando por una de las tantas autopistas de la ciudad en esta mañana de marzo o, tal vez, estás en un vagón del Metro -con la mirada extraviada, como todos los que viajan a esta hora-, o paladeas el primer café y recorres distraído las páginas de este diario, buscando algo que no sabes qué es. A ti, que llevas a tus hijos al colegio y que acabas de no escuchar una pregunta que te hizo tu hija más pequeña, porque estabas pensando en otra cosa. A ti, que acabas de salir de la ducha y te ves un instante en el espejo. A ti, que pasas rápido a mi lado y casi me empujas y no me ves. A ti, que -con apenas 18 años- te levantas con el tedio pegado en el alma y te enchufas al computador para no abrir la ventana de tu pieza que da al jardín. A ti, que miras a tu marido todavía dormir a tu lado, y ves su nuca y su piel gastada, y sientes en el centro de tu pecho un hueco, la sensación de un cansancio del que quisieras huir a miles de kilómetros de ahí. A ti, que estás comprando el pan sin emocionarte con su olor y su temperatura. A ti, que entraste al cajero automático y descubriste que el saldo de tu cuenta era negativo, y sientes miedo, rabia, angustia. A ti, que acabas de dejar a tu niño en la sala cuna y te fuiste sin cantarle esa canción "que a él tanto le gusta". A ti, que acabas de entrar en la oficina y te dispones a iniciar un día igual a todos los días, trabajando sin amor por lo que haces, como pieza de un engranaje que te devora. A ti quiero agarrarte de la solapa, del brazo -con respeto, pero con fuerza-, a ti quiero detenerte en tu carrera loca y decirte lo que tal vez nadie te ha dicho nunca, porque no se enseña en los colegios ni aparece en los diarios. Yo no soy nadie para quitarte cinco minutos de tu atiborrada y desesperada agenda, soy uno más entre los millones que bajan esta mañana a comenzar un día más en la ciudad. Entonces, ¿por qué habrías de desconectarte de tu "iPod" o apagar tu celular para escucharme? Pensarás acaso que soy un predicador más, un vendedor de seguros, o alguien que quiere robarte a plena luz del día. Sé que me mirarás con recelo, con molestia, con desconfianza. A ti, que me oyes pendiente de tu reloj, quiero decirte, antes de que desaparezcas devorado por la multitud: "El hombre es desgraciado porque no sabe que es feliz. ¡Eso es todo! Si cualquiera llega a descubrirlo, será feliz de inmediato, en ese mismo minuto. Todo es bueno". ¿Y eso era todo? -me dirás-. Sí, y te digo: todo lo demás, fuera de eso, es nada. Si te he agarrado de la solapa y te he abordado a esta hora de la mañana de este jueves que escribo es para decirte que eres feliz y no lo sabes. Y que eso que te dije lo dijo una vez un hombre como tú, que se llamó Dostoyevski. Y yo, ¿quién soy para hablarte así, para entrar en tu privacidad y leerte la cita de un ruso que no conoces? Yo soy el muerto. Yo estoy muerto, tú estás vivo. ¿Muerto tú? -me dirás-. ¡Pero si puedo tocarte y verte y oírte! Sí, pero estoy muerto. Yo me levantaba en las mañanas como tú, prendía la radio como tú, paladeaba un café como tú, miraba distraído las primeras nubes en el cielo, y llevaba a mi hijo al jardín, y no sabía que era feliz, que estaba vivo. No lo sabía, como tú no lo sabes, como no lo saben tantos que no pisan con placer las primeras hojas del otoño, que no se detienen a ver los primeros rayos de luz colarse por la ventana para entibiar la piel del o la que duerme todavía a tu lado. Pero esto, en realidad, no me lo enseñó Dostoyevksi, sino mi pequeño hijo Clemente, un niño como millones de niños que en este momento son llevados al colegio, un niño que me hizo una pregunta que no escuché una mañana de un jueves como hoy. ¡Eres feliz y no lo sabes! Eso es lo que enseñan los niños que mueren, eso lo aprendemos de un golpe los que morimos con ellos, eso es lo que los vivos como tú no pueden escuchar.
El mejor poema sobre la tristeza...
La historia de Garrick, el gran comediante derrumbado sobre sí mismo, contada en verso por el mexicano Juan de Dios Peza, siempre me pareció una de esas antologías de la tristeza humana, sin perder un átomo de vigencia. El payaso que ríe muy alto y llora muy despacio siempre existirá en algún rincón... de nosotros mismos.
Reír llorando
Viendo a Garrick, actor de la Inglaterra, el pueblo al aplaudirlo le decía: Eres el más gracioso de la tierra y el más feliz. Y el cómico reía. Víctimas del spleen los altos lores, en sus noches más negras y pesadas, iban a ver al rey de los actores y cambiaban su spleen en carcajadas. Una vez ante un médico famoso, llegose un hombre de mirar sombrío: -Sufro -le dijo- un mal tan espantoso como esta palidez del rostro mío. Nada me causa encanto ni atractivo; no me importan mi nombre ni mi suerte; en un eterno spleen muriendo vivo, y es mi única pasión la de la muerte. -Viajad y os distraeréis. -Tanto he viajado -Las lecturas buscad -Tanto he leido -Que os ame una mujer - ¡Si soy amado! -Un título adquirid -Noble he nacido. ¿Pobre seréis quizá? -Tengo riquezas - ¿De lisonjas gustáis ? - ¡Tantas escucho! -¿Que tenéis de familia?...-Mis tristezas -¿Vais a los cementerios?... -Mucho, mucho. ¿De vuestra vida actual tenéis testigos? - Sí, mas no dejo que me impongan yugos; yo les llamo a los muertos mis amigos; y les llamo a los vivos mis verdugos. -Me deja- agrega el médico -perplejo vuestro mal, y no debo acobardaros; Tomad hoy por receta este consejo: sólo viendo a Garrick podéis curaros. -¿A Garrick ? -Sí, a Garrick... La más remisa y austera sociedad lo busca ansiosa; todo aquel que lo ve muere de risa; ¡tiene una gracia artística asombrosa! -Y a mí me hará reír?-Ah, sí, os lo juro!; él, sí, nada más él... Mas qué os inquieta?... -Así -dijo el enfermo -no me curo: ¡Yo soy Garrick! Cambiádme la receta. ¡Cuántos hay que, cansados de la vida, enfermos de pesar, muertos de tedio, hacen reír como el autor suicida sin encontrar para su mal remedio! ¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!. ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe, porque en los seres que el dolor devora el alma llora cuando el rostro ríe! Si se muere la fe, si huye la calma, si sólo abrojos nuestras plantas pisa lanza a la faz la tempestad del alma un relámpago triste: la sonrisa. El carnaval del mundo engaña tanto; que las vidas son breves mascaradas; aquí aprendemos a reír con llanto y también a llorar con carcajadas.
Y porsupuesto, nuestro gran Pablo Neruda...
ODA A LA TRISTEZA
TRISTEZA, escarabajo de siete patas rotas, huevo de telaraña, rata descalabrada, esqueleto de perra:Aquí no entras. No pasas. Ándate. Vuelve al Sur con tu paraguas, vuelve al Norte con tus dientes de culebra. Aquí vive un poeta.La tristeza no puede entrar por estas puertas. Por las ventanas entra el aire del mundo, las rojas rosas nuevas, las banderas bordadas del pueblo y sus victorias. No puedes.Aquí no entras. Sacudetus alas de murciélago, yo pisaré las plumas que caen de tu manto, yo barreré los trozos de tu cadáver hacia las cuatro puntas del viento, yo te torceré el cuello, te coseré los ojos, cortaré tu mortaja y enterraré tus huesos roedores bajo la primavera de un manzano.

