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domingo, julio 01, 2007

WOODSTOCK, NACIDO PARA MORIR

Woodstock, quizás un nombre demasiado grande para su tamaño, pero asi lo bautizó mi sobrino Byron y asi fue llamado hasta el último de sus días.
Probablemente lo avanzado de su enfermedad lo hacía ver mas pequeño de lo que realmente era y por lo tanto jamás pudimos calcular su edad. Como tantos otros, Woodstock, nació para morir. Nacido en las calles de Iquique o quizás abandonado, vivió su corta vida como miles de perros callejeros del mundo, con hambre, frío, abuso, al borde de la muerte, pero siempre con la actitud típica del perro libre, dueño del mundo.
Lo conocimos en mi viaje a Chile, vivía en una casa en construcción cerca de la casa de mi hermana Nona. Allí, los maestros lo aguacharon y junto a su compadre, el Siberiano, recibían un poco de cariño, algunas sobras de comida y refugio nocturno. Por el día tenían chipe libre para patiperrear por las calles y siempre se les veía el Siberiano primero y el pequeno esqueleto andante atrás.
Durante días lo vigilé para descubrir su refugio y detectar la rapidez de su deterioro. Cuando, en sus andanzas diarias, lo ví con su andar inseguro y tambaleante tratando de no perder la pista de su líder, decidí que era hora de intervenir. El veterinario no pudo detectar su mal, solo supo decir que Woodstock se estaba consumiendo de a poco.
De regreso, mientras caminaba con el pequeño y frágil bulto entre mis brazos, envuelto en una frazada robada a mi hermana, pensaba en su futuro, qué pasaría cuando me fuera?, quién le daría sus medicinas?, qué pasaría cuando terminara la construcción? .
Así fue como el pequeño Woodstock pasó a formar parte de la familia Szadman/Miranda León (mi hermana y mis sobrinos). Bajo la atenta mirada de mi extraordinaria hermana, que terminó siendo dueña del quiltro sin pedirlo, Woodstock pasó las últimas semanas de su vida. Quizás demasiado frágil para jugar con las niñas, pero siempre rodeado de amor, cariño y protegido por los angelitos que mi hermana le destinó. En varias oportunidades corrieron con él al veterinario, pués decaía día a día. A veces recuperaba un poco de fuerzas y las aprovechaba para deslizarse entre los barrotes de la reja e ir a visitar a su compadre y maestros de la construcción, pero siempre volvía al que se había convertido en su hogar y su familia, quizás el único hogar y familia que tuvo en su vida.
Un día, Woodstock no pudo seguir luchando, su enfermedad gano la batalla, el dolor lo hacía gemir y hubo que tomar la triste decisión de terminar con su sufrimiento. Hoy Woodstock, está enterrado en algún lugar de Iquique y su recuerdo enterrado en el corazón de sus amos.
Adiós pequeño Woodstock, jamas te olvidaremos. Que encuentres la felicidad al final del Arcoiris!!!!!!!